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Full text of "De tejas arriba : bufonada gatuna en un acto"

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EL  MUSEO, 

ADMINISTRACION  DE  OBRAS  DRAMÁTICAS  Y  LÍRICAS. 


REPERTORIO  DE  LOS  BUFOS  MADRILEÑOS. 


DE  TEJAS  ARRIBA, 


BUFONADA  GATUNA  EN  UN  ACTO, 


ORIGINAL  DE 


DON  F.  KOSEiO  GIL. 


MUSICA  DEL  MAESTRO 


DON  FRANCISCO  ASENJO  BARBIERI. 


Representada  por  primera  vez  en  el  teatro  de  «Los  Bufos  Madrileños» 
(Variedades)  el  dia  22  de  Diciembre  de  1866. 


MADRID. 

IMPRENTA   DE   R.  ^ABAJOS, 
Cabeza,  27,  bajo. 


1866, 


DE  TEJAS  ARRIBA, 


REPERTORIO  DE  LOS  BUFOS  MADRILEÑOS. 


DE  TEJAS  ARRIBA. 

BUFONADA  GATUNA  EN  UN  ACTO, 


ORIGINAL  DE 


DON  P.  MORENO  GIL. 


MUSICA    DEL  MAESTRO 


DON  FRANCISCO  HSfflO  BARBIERI. 


Representada    por  primera  vez  en  el  teatro  de  «Los   Bufos  Madrileños» 
(Variedades)  el  dia  22  de  Diciembre   de  1866. 


MADRID. 

IMPRENTA  DE  JOSÉ  RODRIGUEZ,  CALVARIO,  18* 


AL  PAPÁ 

DE  LOS  BUFOS  MADRILEÑOS, 

DON  FRANCISCO  ARDERIUS, 


Dedican  esta  gatada,  en  nombre  de  los  autores, 


Digitized  by  the  Internet  Archive 
in  2014 


https://archive.org/details/detejasarribabuf3671barb 


La  propiedad  de  esta  obra  pertenece  á  su  autor,  y  nadie  podrá  sin  su  permiso 
reimprimirla  ni  representarla  en  los  teatros  de  España  y  sus  posesiones  ^de  Ul- 
tramar. 

El  autor  se  reserva  asimismo  el  derecho  de  traducción,  de  impresión  y 
representación  en  el  extranjero,  según  los  tratados  vigentes. 
Queda  heeho  el  depósito  que  exige  la  ley. 

Los  corresponsales  de  DON  FRANCISCO  RUBIO,  dueño  de  la  Administración 
general  de  obras  dramáticas  y  líricas,  son  los  encargados  exclusivos  de  su  venta  y 
del  cobro  de  sus  derechos  de  representación  en  dichos  puntos. 


Habiendo  examinado  esta  zarzuela  en  un  acto,  que  lleva  por  titulo.  Be 
tejas  arriba,  no  hallo  inconveniente  en  que  su  representación  sea  autorizada. 
Madrid  16  de  Diciembre  de  1866. 

El  Censor  interino, 
é  Luis  Fernandez  Guerra. 


PERSONAJES. 


ACTORES. 


ROSA   Doña  Amalia  Gómez. 

VECINA  1.a   Celsa  Fontfrede. 

IDEM  2.a   Higinia  Hacías. 

EUGENIO   D.  Francisco  Arderiis. 

DON  SISEBUTO   José  Escriu. 

UN  COMISARIO  DE  POLICIA.  Francisco  Castillo. 

DOS  SERENOS   N.  N. 

Coro  de  vecinas. 


La  escena  es  en  Madrid  y  en  nuestros  dias. 


ACTO  ÚNICO. 


La  escena  representa  el  tejado  de  una  casa,  á  la  altura  convenien- 
te. A  la  derecha,  en  segundo  término  y  encima  del  tejado,  una 
pared  con  ventana  practicable,  frente  al  público,  y  encima  un 
letrero  que  dice:  galería  fotográfica.  A  la  izquierda  en  se- 
gundo término  la  linterna  ó  caballete  de  una  buhardilla  con 
ventana  también  practicable  frente  al  público.  En  el  centro,  y 
en  el  fondo  del  tejado,  aparece  un  terrado  descubierto  con  una 
barandilla  que  le  rodea,  al  cual  se  sube  por  una  escalerilla  que 
estará  á  la  derecha  por  detrás  del  tejado.  A  la  derecha  en  pri- 
mer término,  y  á  la  izquierda  en  primero  y  segundo,  la  parte 
superior  de  dos  fachadas  con  ventanas  practicables  que  dominan 
al  tejado.  Desde  una  de  las  ventanas  de  la  izquierda  á  la  baran- 
dilla del  terrado,  una  cuerda  con  ropa  tendida.  A  la  izquierda 
del  terrado  una  chimenea  de  fábrica  con  dos  cañones  de  hierro 
en  la  parte  superior.  Telón  de  calle  en  el  foro.  (Entiéndase  por 
derecha  é  izquierda  la  del  actor.)  Véase  la  nota  puesta  al  final. 


ESCENA  PRIMERA. 

INTRODUCCION.— MÜSléA. 

Al  alzarse  el  telón  aparecen  cerradas  todas  las  ventanas.  Viento  fuerte.  Se 
oye  dentro  á  lo  lejos  una  comparsa  que  se  va  acercando  lentamente*  tocan— 


—  10  — 


do  ana  marcha  con  guitarras  y  bandurrias;  figura  que  atraviesa  la  calle  y  va 
poco  á  poco  alejándose  hasta  que  apenas  se  perciben  los  sonidos  de  sus  ins- 
trumentos. El  sereno  canta  dentro  «las  doce   y  media  y  nublado."  Cesa  la 
música.  EUGENIO  abre  la  ventana  de  la  fotografía,  y  dice  asomándose: 


HABLADO. 

EüG.         Rosa...  Rosita!...    NO  hay  nadie!   (Mirando  á  la  ventana  de 

la  buhardilla.)  Si  habrá  ido  también  mi  vecinita  á  la  ver- 
bena de  san  Antonio!...  Lo  dudo;  sin  embargo,  aun  es- 
tá cerrada  la  ventana  de  su  buhardilla!...  Uff!  la  noche 
está  íria  como  un  cuerno,  y  corre  un  vientecillo...  Ca- 
lla... si  está  chispeando!...  No  importa;  empecemos 
nuestra  nocturna  serenata,  á  ver  si  acude  al  reclamo 
como  todas  las  noches,  (saca  un  clarinete.)  Ay!  vecina, 
vecinita!...  y  cuántos  suspiros  cuestas  á  mi  clarine  te! 

Probemos.  (Da  un  fuerte  resoplido,  haciendo  varias  escalas  acro- 
máticasj  acompañado  de  la  orquesta.) 

BSUSIG  A . — CANTO. 

Escucha  los  acordes 

de  mi  instrumento^  * 
y  con  él  mis  suspiros 

te  lleve  el  viento! 
Mira  y  remira 

con  qué  ilusión  .  .  ■.  ■ 

por  tu  cariño 

trinando  estoy. 

(Tocando  el  clarinete.) 

Ta  ra  rí,  ta  ra  rí, 

ta  ra  rí,  ta  ra  ró! 
Sal,  vecinita, 

que  por  tu  amor 
.  soplo,  resoplo  y  soplo 

con  afición! 


_  n  _ 
i!. 

No  desoigas  los  trinos 

de  un  clarinete, 
y  sus  agudas  «otas 

en  tu  alma  mete! 
Escucha  pia, 

mi  pió,  pon, 
que  estoy  ya  en  tono 

de  sol  mayorl 

(Tocando  el  clarinete.) 

Ta  ra  rí,  ta  ra  rí, 
ta  ra  rí,  ta  ra  ró! 

Sal,  vecinita, 
que  por  tu  amor 

soplo,  resoplo  y  soplo 
con  afición. 

(>Cesa  la  música.) 


ESCENA  II. 

EUGENIO,  ROSA,  en  la  ventana  de  la  buhardilla. 
HABLADO. 

Eug.      (Me  parece  haber  oido...  (Mirando  á  la  ventana.)  Ah!  ella 

es!...)  Buenas  noches,  vecinita. 
Rosa.     (Asomándose.)  Buenas  noches,  vecino. 
Eüg.      ¿Cómo  está  usted? 
Rosa.     Bien,  y  usted? 
Eug.      Para  servir  á  usted. 
Rosa.     Gracias,  vecino.  (Breve  pausa.) 

Eüg.      Dígame  usted,  vecinita,  ¿se  ha  acostado  ya  su  madre 

de  usted? 
Rosa.     Sí  señor. 
Eug.      Me  alegro. 
Rosa.     Por  qué? 


—  12 


Eug,  Por...  por  nada;  porque  con  el  viento  tan  fuerte  que 
hace,  estoy  seguro  que,  ó  tenemos  que  hablar  á  voces, 
ó  acabaremos  por  no  entendernos. 

Rosa.     Pues  yo  bien  le  oigo  á  usted! 

Eug.  Porque  usted  es  en  todo  perfecta!...  Pero  yo...  desde 
mi  regreso  de  América,  me  quedé  un  poco  teniente  de 
este  oido,  y...  (Saltando  al  tejado.)  Con  permiso  de  us- 
ted... 

R  osa.     Qué  va  usted  á  hacer? 

Eug.      Nada,  Rosita;  á  apropincuarme  un  poquito  mas,  hasta 

donde  usted  me  tiene  señalado. 
Rosa.     Que  se  va  usted  á  caer  á  la  calle! 
Eug.      No  tema  usted;  todo  puede  ser  romperme  un  brazo  ó 

una  pierna. 
Rosa.     Le  parece  á  usted  poco? 

Eug.      Y  qué  valen  los  males  del  cuerpo  comparados  con... 

(Cogiéndose  al  alero  de  la  buhardilla  é  incorporándose  un  poco 

para  saludarla.  )  Buenas  noches,  vecina. 
II  osa  .     Buenas  noches. 

EUG.  (Sentándose  al  lado  de  la  buhardilla  )  Ya,  ya  Sé  que  de  aquí 
no  puedo  pasar.  (Breve  pausa.) 

Rosa.  Conque  ha  estado  usted  en  América? 
Eug.  Sí  señora;  allí  he  vivido  seis  años  al  lado  de  una  tía 
tan  rica  como  vieja  y  gruñona;  pero  como  yo  no  he  na- 
cido para  ser  esclavo  mas  que  de  unos  ojos  negros  y... 
como  verU  gratia,  di  media  vuelta  á  la  derecha,  y  paso 
redoblado  me  volví  á  esta  sufrida  y  benemérita  patriadle 
Calderón. 

Rosa.     Según  eso,  sabrá  usted  bailar  muy  bien  el  tango? 

Eug.      Yo  le  diré  á  usted,  vecina;  eso  es...  según  la  pareja; 

el  día  que  usted  quiera  que  probemos,  estoy  seguro  que 

ni  Petipá!...  Conoció  usted  á  Petipá? 
Rosa.     No  señor. 

Eug.  Pues  mire  usted,  bailaba  muy  bien:  yo  le  vi  en  el  paso 
del  marinerito  y  daba  unos  saltos  y  hacia  unas  piruetas 
que... 

Rosa. T¿  Le  gustan  á  usted  los  bailarines? 


—  13  — 


Eug.      Sí  señora...  pero  me  gustan  mas  las  bailarinas. 
Rosa.  Ya! 

Eug.  Es  decir,  bajo  el  punto  de  vista  del  arte...  pedestre!.. . 
porque  yo  soy  muy  artista  y  muy... 

Rosa.     (Riéndose.)  Ja!  ja!...  qué  ocurrencia! 

Eug.  Bendito  sea  Dios,  y  qué  boca  tan  bonita  pone  usted  pa- 
ra reírse!... 

Rosa.     Sí,  eh? 

Eug.  Y  qué  ojos  tan...  Ay,  Rosita,  no  me  mire  usted  así... 
que  si  me  da  un  mareo  voy  de  cabeza  á  la  calle.  (Acer- 
cándose un  poco.) 

Rosa.     Eh!...  mas  adentro!  qué  pasa  usted  el  límite  que  le  he 
!  señalado. 

Eug.  No,  no  señora;  el  límite  está  aquí,  en  esta  teja.  Conque 
decia  usted,  Rosita... 

Rosa,  Que  si  hace  mucho  tiempo  que  volvió  usted  de  Amé- 
rica? 

Eug.  Dos  años  poco  mas  ó  menos;  pero  que  lo  crea  usted  ó 
no,  por  ninguna  parte  he  viajado  tanto  como  por  Ma- 
drid. 

Rosa.     Por  Madrid? 

Eug.  Me  explicaré:  yo  he  sido  un  año  estudiante  de  medicina; 
después  practicante  en  casa  de  un  cirujano;  luego  ayu- 
dante de  un  dentista;  después  mancebo  de  un  minis- 
trante ó  comadrón... 

Rosa.  Jesús! 

Eug.  No...  no  se  asuste  usted,  mi  cargo  era  tan  solo  aplicar 
sanguijuelas  á  domicilio;  lue^o  fui  barbero,  y  por  últi- 
mo aprendiz  de  un  fotógrafo,  que  es  el  puesto  mas  ele- 
vado y  conforme  con  mis  aspiraciones!... 

R0S\.       Ah!  (Mirando  al  interior  de  la  buhardilla.) 

Eug.  Qué? 

Rosa.     Me  parece  que  me  llama  mi  madre:  hasta  luego  vecino. 
Eug.      (Acercándose.)  Ay,  Rosita!  y  qué  ramitode  flores  formaría 
yo  con  sus  gracias  de  usted. 

ROSA.       Hasta  luego.  (Desaparece  cerrando  la  ventana.) 


_  u  — 


ESCENA  IH. 

EUGENIO^  después  VECINA  1.a  y  VECINA  2.a 

Eug.  Siempre  las  viejas  han  de  echarlo  todo  á  perder;  cuan- 
do ya  íbamos  entrando  en  asunto!...  Yo  no  sé  para  qué 
sirven  las  madres...  después  de  ser  madres!  (se  dirige 

hácia  el  terrado.) 

Yec.  2.a  (Dentro.)  Señora  Agueda. 
Yec  1.a  (id.)  Qué  ocurre,  vecina? 

Yec  2.a  Que  está  lloviendo  y  tiene  usted  todavía  tendida  la 
ropa! 

Yec  i.a  Gracias,  vecina;  las  jaquecas  de  mi  hija  me  han  puesto 
á  mí  la  cabeza  como  á  menistro  de  Hacienda!...  Yoy,  voy 

en  Seguida.  (Tira  de  las  cuerdas  y  va  desapareciendo  la  ropa.) 

Calla!...  el  vecinito  está  también... 
Eug.       Tomando  el  fresco,  señora  Agueda.  (Parlanchína  mas 

impertinente!)  (Se  sienta  junto. á  la  barandilla.) 

Yec.  1.a  (Con  retintín.)  Ya...  ya  me  lo  figuro!...  Y  está  buena  la 
vecinita,  ó  padece  también  jaquecas  como  mi  hija? 

Eug.  Como  no  he  llegado  á  ser  médico  todavía  no  puedo  con- 
testar á  usted. 

Yec.  1.a  Entonces,  será  algún  dolor  de  costado. 

Eug.       (Que  no  te  volvieras  muda!) 

Yec.  1.a  Vecino...  me  hace  usted  el  favor  de  ver  si  se  ha  caido 
por  ahí  un  pañalito  del  niño?  le  tenia  colgado  y,.. 

Eug.       (s¡  n  moverse.  )  No  señora,  no  hay  nada! 

Yec  1.a  No  tenga  usted  reparo  en  cogerle,  que  aunque  le  vea 
usted  algo  descoloridito,  está  mas  limpio  que  la  con- 
ciencia de  un  escribano. 

Eug.      Cuando  le  digo  á  usted  que  no  hay  nada. 

Yec  1.a  Yaya!  pues  entonces... 

Eug.  .     Buenas  noches,  señora  Agueda. 

Yec.  i.a  Ya,  ya  me  voy!  que  no  me  gusta  ser  importuna;  con- 
que... cuidado  con  algún  mareo,  no  se  vaya  usted  á 
caer  á  la  calle!... 


—  15  — 


Eüg.      Vieja  mas  habladora!...  si  la  doy  cuerda  se  está  toda  la 

noche  de  palique.   (Mirando  hácia  la  escalerilla  del  terrado.) 

Eh!  me  parece  que  oigo  pasos  por  la  escalera.  (Levan- 
tándose.) Será  el  inquilino  del  cuarto  tercero  que  subirá 
como  todas  las  noches  á  requebrar  á  Rosita.  Ese  viejo 
cegato  se  ha  empeñado  en  que  yo  le  rompa  algo...  y  lo 

va  á  Conseguir.  (Se  oculta  á  la  izquierda  de  la  buhardilla.) 

ESCENA  IV. 

EUGENIO,  escondido.  D.  SlSEBüTO^aparece  por  la  escalera  del  terrado  con 
una  linterna  encendida. 

Siseb.  (Asomando  la  cabeza.)  Cuerno!...  y  qué  vientecillo  tan 
fresco  corre  esta  noche  por  estas  alturas!...  si  parece 
que  estamos  en  pleno  invierno!...  A  y,  Rosa,  Rosita!.,  y 
cuántos  sinsabores  cuestas  á  tu  enamorado  tortolito!... 
Achí!  (Estornudando.)  Ya  me  constipé!...  no  importa: 
Veamos  si  al  escuchar  el  sonoroso  timbre  de  mi  angé- 
lica voz,  acude  á  mi  reclamo.  (Tosiendo.)  Ejem!...  oido! 


¡MUSICA— CANTO. 

Sal,  palomita  mia, 
sal  de  tu  nido, 

oye-  el  dulce  reclamo 
de  un  palomito. 

(Arrullando  como  los  palomos.) 

Roo...  roo. 
Aquí  te  espero! 
Roo...  roo, 
poco  menos  que  en  punto 
de  caramelo! 

(Estornudando.) 

Achí!...  ya  le  cogí! 
achí!...  ya  le  agarré. 


—  16  — 


Mas  frió  estoy  que  el  mango 
de  una  almirez! 
(sonándose.)    Jem!  jem! 

Roo...  Achí! 

II. 

A  tu  ventana  asoma,, 

tu  pico  de  oro, 
y  da  de  picotazos 
á  tu  palomo! 

Roo...  roo. 
Sal,  palomita, 
roo...  roo. 
Que  estoy  como  un  sorbete 
de  mantequilla. 
Achí!...  ya  le  cogí! 
achí!...  ya  le  agarré! 
Mas  frió  estoy  que  el  mango 
de  un  almirez! 
Jem!  jem! 
Roo  .,  achí! 

(Cesa  la  música.) 


HABLADO. 

Siseb.     (Escuchando.)  Nada  oigo!...  si  se  habrá  acatarrado  tam- 
bién la  VeCÍnita  COmO...  (Estornudando.)  Achí! 

Eüg.      (Á  media  voz.)  Dios  te  arranque  el  alma... 
Siseb.     Eh!...  creí  escuchar...  (Llamando.)  Rosa...  Rosita... 
Eug.       (Fi  ng-iendo  la  voz.  )  Buenas  noches,  don  Sisebuto. 
Siseb.     (Ella  es!...)  Dios  te  guarde,  palomita  sin  hiél!  (Estornu- 
dando.) Achí! 

Eüg.      Cuídese  usted  ,  don  Sisebuto:  la  noche  está  húmeda,  y 

á  su  edad  de  usted,  el  reuma... 
Siseb.     Á  mi  edad!...  pues  qué,  ¿soy  yo  acaso  un  carcamal?... 

Con  malos  ojos  me  has  mirado,  capullito  de  rosa!...  (Es- 


—  47  — 


tornudando.  )  Achí! 
,G.         (Á  media  voz.)  LOS  SeSOSÍ 

seb.  Gracias!  Lo  que  tú  quieres  es  que  deje  libre  el  campo 
al  veciuito:  ¿no  es  así,  ingrata? 

Eug.       Puede  usted  suponer  lo  que  guste. 

Siseb.  Ya  te  he  dicho  que  mi  mujer  está  en  la  casa  de  campo 
que  poseo  cerca  de  Santander,  y  nada  tenemos  que  te- 
mer, tortolita  mia. 

Eug.      (Infame!...  yo  sí  que  te  voy  á  atortolar!) 

Siseb.  Y  como  creo  ademas  que  esta  noche  estará  emborra- 
chándose tal  vez  en  la  verbena  nuestro  impertinente 
vecinito,  he  creído  la  ocasión  mejor  para  decirte  lo  mu- 
cho que  te  amo  y  la  brillante  posición  que.,,  (Eugenio  le 

tira  un  pedazo  de  teja  que  da  en  la  barandilla.)  Canastos! 

Eug.      Qué  es  eso,  don  Sisebuto? 
Siseb.     Si  algún  mal  intencionado... 
Eug.      El  viento  tal  vez... 

Siseb.     Eso  será!  como  hay  otros  tejados  mas  altos!  Sin  duda 

el  aire...  Conque  aceptas,  eh? 
Eug.      No  señor. 
Siseb.     Que  no? 

Eug.      Ya  le  he  dicho  á  usted,  don  Sisebuto,  que  ó  deja  usted 

de  perseguirme  ó  se  lo  cuento  todo  á  Eugenio... 
Siseb.     Á  tu  novio,  eh? 

Eug.      Sí  señor;  á  mi  novio,  que  es  un  chico  muy  guapo...  y 

muy  amable...  y  muy  modesto  y  muy... 
Siseb.     Echa,  hija  mia.  echa! 

Eug.  Y  usted,  en  cambio,  es  muy  viejo...  y.  muy  feo...  y 
muy... 

Siseb.  Eh!...  basta  de  piropos!...  ese  diablo  de  aprendiz  te  ha 
levantado  de  cascos;  pero  yo  estoy  seguro  que  muy 
pronto  variarás  de  opinión. 

Eug.      Pues  hasta  entonces...  buenas  noches,  don  Sisebuto. 

Siseb.  Así  me  dejas,  ingrata;  vaya...  hablemos  con  formalidad, 
que  no  te  pesará,  matita  de  claveles!  (Llamando.)  Rosa...' 
Rosita!  Se  ha  marchado!  ya  volverá!  Mis  redes  están 
bien  tendidas,  y  al  fin  y  al  cabo  caerá  en  ellas!  Achí'  •• 

% 


—  18  — 


(Extendiendo  el  brazo.)  Hola!...  parece  que  la  lluvia  va  en 
aumento!  no  estará  demás  que  el  paraguas  sea  esta  no- 
che mi  Compañero  de  aventuras!  (Váse  por  la  escalera  del 
terrado:  la  lluvia  es  cada  vez  mas  fuerte.) 

ESCENA  V. 

EUGENIO,   después  ROSA,  en  la  ventana. 

Eug.  Ah!  viejo  seductor!...  te  prometo  que  te  has  de  acordar 
de  mí!  Agua  vá!...  vaya  un  chaparrón!  (Atravesando  á  ga- 
tas el  tejado.)  Esperemos  en  mi  chiribitil  á  que  pase  este 

ChubaSCO.  (Acercándose  á  la  ventana  de  la  fotografía ,  que  esta- 
rá cerrada.)  Calla !. ..  él  viento  sin  duda  ha  cerrado  mi 
ventana!  Si  mi  vecinita  tuviera  compasión  de  mí!.. . 

Rosa...  Rosita...  (Al  cruzar  el  tejado  resbala  y  cae.)  Uif! 
(Sentado  en  el  tejado.)  Oh  témpora...  íempororuml  (Llaman- 
do.) Vecina...  vecinita...  apiádese  usted  de  un  desgra- 
ciado mortal  que  de  todo  tiene  menos  de  impermea- 
ble!.,. Vecina... 

Rosa.  (Abriendo  la  ventana.)  Me  va  usted  á  comprometer  con 
sus  lamentaciones! 

Eug.  (sentado.)  Ni  las  de  Jeremías!  es  verdad;  pero  repare  us- 
ted que  mi  situación  no  es  para  menos. 

Rosa.     Qué  le  pasa  á  usted? 

Eug.      Que  me  voy  á  convertir  en  rano! 

Rosa.     Jesús!...  que  chaparrón!  retírese  usted  pronto. 

Eug.       (sí  n  moverse.  )  No  puedo. 

Rosa.     Por  qué? 

Eug.      Porque  el  viento  me  ha  jugado  una  mala  pasada.  , 
Rosa.     El  viento? 

Eug.       Sí,  señora;  el  otro  dia  tuve  con  él  algunas  palabras,  y 

hoy  se  ha  vengado  de  mí  cerráudome  la  ventana. 
Rosa.     A  y!...  cuánto  lo  siento! 

Eug.  Y  yo  también;  pero  en  fin,  si  usted  quisiera  darme  un 
cacairritito  de  hospitalidad,  hasta  que  pase  el  chubasco, 
jo  sentiría  menos. 


—  19  - 

Rosa.     Imposible!  ¿Qué  dirían  de  mí  si  alguno  de  la  vecindad 

lo  llegara  á  saber? 
Eug.      No  sea  usted  cruel,  vecinita!  aunque  no  sea  mas  que 

por  un  cuarto  de  hora!  siquiera  hasta  que  pase  este 

chaparrón. 

Rosa.     Puede  estar  lloviendo  así  toda  la  noche! 
Eug.  Mejor! 
Rosa.     Cómo  mejor? 

Eug.  No;  quiero  decir...  que  quién  se  ha  de  atrever  á  censu- 
rar una  acción  tan.,,  tan  caritativa,  y  sobre  todo  á  es- 
tas alturas.  (Lluvia  fuerte.)  Caramba  y  como  aprieta!... 
si  esto  es  el  diluvio  universal!  me  voy  á  trasformar  en 
sapo! 

-Rosa.     Espere  usted  un  momento!  (Desapa  rece  de  la  ventana. ) 
Eug,      Si  al ím  se  apiadara  de  mi  pobre  humanidad!...  Mucho 

[O  dudt).  (Atraviesa  á  galas  el  tejado  hasta  colocarse  cerca  de  la 

ventana  de  Rosa.)  Uif!.  .  parece  que  han  dado  jabón  á  lab 
tejas!  (Estornudando.)  Achí!...  cáspita!  ya  me  he  costipa- 
do  yo  también  como  ese  don  Bucéfalo! 

ROSA,       (Apareciendo  en  la  ventana  con  un  paraguas  muy  viejo.)  Tome 

usted,  vecino. 
Eug.  Eh! 
Rosa.     Mi  paraguas. 

Eug.      Ahí...  su  paraguas  de  usted!  (cogiéndole.)  (Algo  es  algo.) 

Muchas  gracias,  vecinita. 
Rosa.     Está  bastante  estropeado,  pero  como  no  tengo  otro,  no 

puedo  ofrecérsele  á  usted... 

Eug.  (a  biiendo  el  paraguas,  que  tendrá  algunas  barillas  rotas.  )  Efec- 
tivamente; un  poco  deteriorado  está!...  pero...  no  te- 
ma usted  que  repare  en  él  ningún  transeúnte.  (Besando 
el  puño  )  Bendito  sea  Dios  y  qué  puño  tan  suavecito  tie- 
ne!... cómo  se  conoce  que  ha  pasado  usted  por  él  mu- 
chas veces  la  mano! 

•Rosa.     Ya  ve  usted!...  de  alguna  parte  tenia  que  cogerle! 

Eug.       (suspirando.)  Ay!...  yo  si  que  estoy  cogido  en...  (Resbala.) 

Rosa.     Que  se  cae  usted! 

Eug.      Ya...  ya  lo  he  notado!...  Si  usted  me  permitiese  siquie- 


—  20  — 


ra  subirme  encima  de  su  buhardilla  de  usted,  no  esta- 
ría tan  expuesto  á  hacer  una  descensión  aereostática. 

Rosa.     Bien;  pero  vaya  usted  con  cuidado. 

Eüg.      Sí  señora,  sí;  eso  corre  de  mi  cuenta!  (Montándose  en  el 

caballete  de  la  buhardilla,  con  el  paraguas  abierto.)  Ajá!...  Uíf! 

y  qué  fresquito  está  el  asiento!... 

ROSA.       (Riéndose  y  mirando  hacia  arriba.)  En   Cambio  estará  blan- 

dito! 

Eug.      Sí  señora,  sí;  como  un  guarda-cantón!...  (Reparando  en  un 

pañal  viejo  ó  mantilla  pajiza  que  estará  en  el  caballete.)  Calla! 

vaya  un  hallazgo! 
Rosa.     Qué  es  eso? 

Eüg.      El  pañal  de  la  vecina!...  para  algo  habia  de  servir.  (l« 

dobla  y  se  sienta  encima  de  él.  Al  incorporarse  ve  por  encima  del 
alero  á  Rosa  y  se  queda  contemplándola.)  Ay  vecina...  Vecina! 

y  qué  visualidad  tan  palpitante  presenta  usted...  desde 
aquí! 

Rosa.     Cómo  se  conoce  que  es  usted  fotógrafo! 

Eüg.  Por  eso  justamente  he  sabido  imprimir  mejor  que  otro 
la  imágen  de  usted  en  mi  corazón!...  Ay,  vecina...  ve- 
cina!.,. 

Rosa.     Qué  le  pasa  á  usted? 

Eug.  Que  me  suben  unos  vaporcillos  del  fuego  que  arde  en 
sus  ojos  de  usted,  que  ni  los  de  las  calderas  del  gas. 

Rosa.  (Mirando  hácia  el  terrado.)  Chis!,.,  calle  usted;  meparece 
haber  sentido  pisadas  por  la  escalera  que  sube  al  ter- 
rado. 

Eug.       Será  don  Sisebruto...  6  don  Sisenando. 
Rosa.     Bájese  usted;  si  le  viera,  sospecharía... 
Eug.      Teme  usted... 

Rosa.  Sí  señor;  temo  que  mi  reputación  pueda  ponerse  en  bo- 
ca de  cualquier  imbécil. 

EüG.  Tiene  USted  raZOn.  (Bajándose  del  caballete  y  ocultándose  á  la 
izquierda  de  la  buhardilla,  haciendo  que  el  paraguas  quede  á  la 
altura  de  esta  para  que  no  le  vean.)  Su  reputación  de  USted 

es  para  mí  la  prenda  mas  estimable  que  posee. 
Rosa.     Gracias,  Eugenio.  (Aparee©  d.  Sisebuto.) 


—  21  — 


Eug.      (Ya  está  aquí  el  beduino!...) 

Rosa.     (Pues  que  se  prepare  á  oir  una  buena  lección!) 

Eug.      (Bien  la  merece:  yo  seré  mudo  espectador!) 

ESCENA  VI. 

DICHOS,  D.  SISEBUTO,   por  la  escalera  del  terrado  con  la  linterna  y  un  gran 
paraguas  encarnado,  que  sacará  abierto. 

Siseb.  (Desde  el  terrado.)  Rosa...  Rosita...  Si  yo  me  atreviera  á 
llegar  hasta  su  ventana!....  el  tejado  no  es  muy  pen- 
diente, y  aunque  las  tejas  están  algo  resbaladizas!... 

Probemos.)  (Deja  la  linterna  junto  á  la  barandilla  y  salta  al 
tejado.) 

Eug.      (Bajo  á  Rosa.)  Ya  se  acerca!) 

SlSEB.  Uif!...  que  me  escurro!  Achí!  (Resbala  y  queda  sentado  en 
el  tejado;  después  va  bajando  á  gatas.) 

Eug.  ÍDnndo  un  bufido.)  Marramiau! 
Siseb.      (Escuchando.)  Eh!...  Gracias. 


MUSICA — CANTO 

Rosa.  Ven,  Dominico  mió, 

que  aquí  te  espero, 
ven,  que  sin  tus  caricias 
de  pena  muero. 

(Llamando  al  gato.) 

Minino,  minino, 
ay,  qué  dolor! 
michito,  michito, 
no  vuelve,  no! 

Ps...  ps. 
ay,  qué  dolor! 
ps...  ps. 


—  22  — 


no  vuelve,  no! 
Ven,  remononomio, 

tú  eres  mi  amor; 
vuelve  á  mis  brazos  pronto 

por  compasión! 

II. 

Vuelve  hacia  mí  tus  ojos, 

michito  mió,, 
yo  pasaré  mi  mano 

por  tu  lomito! 
Minino,  minino, 

ay,  qué  dolor! 
michito,  michito, 

no  vuelve,  no! 
Ps...  ps. 

ay,  qué  dolor! 
ps...  ps. 

no  vuelve,  no! 
Ven,  remonono  mió, 

tú  eres  mi  amor; 
vuelve  á  mis  brazos  pronto 

por  compasión! 

(Cesa  la  música.) 


HABLADO . 

Rosa.     Ps...  ps...  ven  aquí,  Dominico;  no  te  vayas  á  costipar  tú 

también  como  don  Sisebuto. 
Siseb.     Presente!...  encantadora  Rosita. 
Rosa.     Ah!...  usted  aquí? 

SlSEB.  (Sentándose.)  En  CUerpO  y  alma!  (D.  Sisebuto  y  Eugenio  ocu- 
pan exactamente  la  misma  posición,  con  los  paraguas  abiertos,  á 
ambos  lados  de  la  buhardilla,  sin  poderse  ver  el  uno  al  otro.) 

Rosa.     Viene  usted  á  hacer  compañía  á  los  gatos? 
Siseb.     Eso  me  preguntas,  ingrata,  cuando  expongo  mi  vida 
por  tí! 


~  23  — 


Rosa.     Mire  usted,  don  Sisebuto;  yo,  aunque  pobre,  soy  una 
joven  modesta  y  honrada,  que  no  aspira  á  elevarse  á 
un  puesto  mas  alto  que  el  que  ya  ocupa,  y  que  jamás 
ha  cubierto  sus  mejillas  con  el  rubor  de  la  vergüenza. 

Eug.      (Besándola  la  mano.)  (Hum!  bendita  sea  tu  boca!) 

Rosa.     (Chis!...  quieto!) 

Siseb,     Eh!  qué  es  eso? 

Rosa.     Nada:  es  Dominico  que  ya  se  va  impacientando  porque 

estoy  hablando  con  usted. 
Siseb.     Dominico  debe  ser  muy  poco  tratable,  Rosita!  Pero... 

volviendo  á  lo  que  nos  interesa,  ¿quién  te  ha  dicho  que 

yo  abrigo  intenciones  tan  dañinas? 
Rosa.     Usted  es  casado,  y  por  lo  tanto... 
Siseb.     Sin  embargo... 

Rosa.     En  fin,  don  Sisebuto,  le  aconsejo  á  usted... 

Síseb.     (Estornudando.)  Achí!,..  (Le  agarré  de  veras!)  Eh!  qué., 
qué  es  lo  que  decíamos?... 

Rosa.  Que  vaya  usted  á  sudar  su  catarro;  el  relente  de  la  no- 
che puede  serle  muy  perjudicial  y  no  está  usted  ya  para 
esas  bromas. 

Siseb.  Ingrata!...  no  me  concederás  al  menos...  (Queriéndola  co- 
ger la  mano.) 

Rosa.     Cuidado,  don  Sisebuto;  que  le  va  á  dar  á  usted  un  ara- 
ñazo mi  Dominico. 
Siseb.     (cogiéndola  par  fin  la  mano.)  Ay,  Rosa...  Rosita... 
Rosa.     Suelte  usted  ó  grito 

EUG.  (Dando  á  D.  Sisebuto  un  arañazo  en  ta  cara  y  bufando  como  un 
gato.)  ¡Marramiail!  (Rosa  cierra  la  ventana.) 

Siseb.     Uf!...  me  ha  clavado  las  uñas!  infame  Dominico! 
Eug.      (cerrando  el  para-uas.)  (Yo  te  aseguro  que  no  será  el  últi- 
mo!) tLa  lluvia  va  cesando  poeo  á  poco.) 


ESCENA  VIL 

EUGENIO,  D.  SISEBUTO. 


SiSEB, 


De  seguro  que  me  ha  puesto  el  carrillo  como  una  cri- 


-  24  — 


ba!...  Uf!  y  cómo  huele  á  ingredientes  fotográficos! 

EUG»         (Separándose  un  peco  de  la  buhardilla  y  dirigiendo  la  voz  lejana, 
ahuecando  las  manos  en  la  beca.)  Qliién  Vil? 

-isf.b.     (cerran-j  el  paraguas.)  (Si  me  habrá  visto  algún  vecino!) 

(Subiendo  á  gatas  hacia  el  terrado.)  (Pues  SÍ  Cree  que  SOy 

un  ladrón  y  me  descerraja  un  tiro!  la  oscuridad  de  la 
noche  me  valga!...  procuremos  desorientarle,  hacién- 
dole creer  que  soy  la  sombra  de  un  gato!) 


Siseb.     (Á  gatas.)  Miau! 
Eug.       (id.)  Miau! 
Siseb.  Zarauz! 
Eug.  Zarauz! 
Siseb.  (Es  un  gato!) 

Marramiau! 
Eug.  (Si  le  atrapo!) 

Zarauz! 

Sjseb,  (Ese  gato  compromete 

mi  elevada  posición; 
si  le  cojo,  si  le  atrapo, 
va  á  llevar  un  revolcón!) 

Eug.  (Ese  viejo  se  ha  empeñado 

en  armar  aquí  función, 
si  le  cojo,  si  le  atrapo 
va  á  llevar  un  revolcón!) 

Yo  soy  el  colora. ..o! 

las  uñas  me  he  afila.. .o! 
Siseb.  Y  yo  en  este  teja. ..o! 

dos  gatos  he  encoja... o! 
Elg«  Deja  pronto  el  teja.. .o! 

que  estoy  enamora.. .o! 
Siseb.  También  yo  en  el  teja. ..o! 


—  25  — 


estoy  amelona.. .o! 
Eug.  Fuh!  Allá  voy! 

Siseb.  Fuh!  aquí  estoy! 

Eüg.  Marramiau! 
Siseb.  Zarauz! 


Fuh! 

(Voy  á  ver  si  consigo 
que  eche  á  correr.) 
Fuh! 

(Si  atizarle  pudiera 
eon  ese  cordel!) 

(Señalando  el  del  tendedero.) 

Fuh! 

(Si  me  muevo  y  le  asusto 
y  empieza  á  mayar...) 
Fuh! 

(Me  va  á  armar  un  tiberio 
en  la  vecindad!) 
Fuh!  fuh! 

Eüg.  Fuh! 

(Si  le  doy  ahora  un  susto 
va  á  echar  á  correr.) 
Fuh! 

(Y  si  grita  y  vocea 
me  puede  perder.) 
Fuh! 

(Es  mejor  sorprenderle 
así,  por  detrás.) 
Fuh! 

(Y  evitar  que  alborote 
por  la  vecindad.) 
Fuh!  fuh! 

(Cesa  la  música.) 


—  26  — 


HAS&ADO. 

Siseb.  Nada  se  oye!...  el  campo  ha  quedado  por  mí!...  es  de- 
cir, el  tejado!...  Después  de  la  animada  conversación 
que  he  sostenido  con  su  minino,  que,  entre  paréntesis, 
debe  ser  un  gatazo  de  pelo  en  pecho,  no  es  justo  que  la 
ingrata  se  ria  de  mí,  haciéndome  tocar  retirada!...  La 
ventana  no  debe  ser  muy  fuerte  y.,.  (Baja  desde  la  baran- 
dilla, y  al  llegar  al  centro  del  tejado  le  sujeta  Eugenio  por  el 
cuello:  ambos  resbalan  y  quedan  sentados  en  media  del  tejado.) 

Eug.  Miserable! 

Siseb.     Ladro...  (cayendo.)  Ay!...  ay!... 

Eug.  Calle  usted,  don  Sardanápalo...  ó  le  arrojo  de  cabeza  á 
la  calle! 

Siseb.     (Uf!...  el  vecinito!) 

Eug.       Qué  viene  usted  á  hacer  por  estas  alturas? 

Siseb.     Hombre!...  lo  que  á  usted  no  le  importa! 

Eüg.      No  me  sulfure  usted  ó  le  hago  rodar  como  á  una  bola! 

Siseb.  (Queriendo  levantarse.)  Vecino!...  usted  abusa  de  mi  posi- 
ción! 

EUG.  (Sujetándole»)  Quieto  aquí!  (Se  escurren  y  vuelven  á  quedar- 
en la  misma  posición.) 

Siseb.  Señor...  aprendiz!...  aprenda  usted  á  tener  mejores 
modales! 

Eug.      Y  usted,  señor  don  Caralampio,  aprenda  usted  á  no 

meterse  en#terreno  vedado! 
Siseb.     Me  está  usted  faltando,  joven! 
Eug,       V  usted  á  mí  sobrando,  viejo  verde!  (Se  levanta. ) 
Siseb.     Ya...  ya  sé  que  lo  que  usted  quiere  es  que  yo  desista 

de  mi  empeño  con  la  vecinita...  pero  no  lo  conseguirá 

usted. 

Eug.  Señor  don  Policarpo,  que  le  meto  á  usted  de  cabeza  por 
la  chimenea! 

Siseb.  Usted  no  tiene  derecho  para  impedirme!.,  (intenta  levan- 
tarse pero  Eugenio  le  detiene.) 

EuGc      Le  tengo,  sí  señor;  esa  joven  me  ama,  soy  su  prometí- 


do,  y  si  usted  persiste  en  atormentarla,  pondré  al  cor- 
riente de  todo  á  su  mujer  de  usted  para  que  venga  á 
sacarle  los  ojos,  después  de  romperle  yo,  por  lo  menos, 
siete  costillas. 

Siseb.     Hombre!...  no  sea  usted  tan  súbito,  que  vamos  á  rodar 

los  dos  á  la  calle  en  forma  de  pelota! 
Eug.      Desiste  usted  ó  no? 
Siseb.     No  señor. 
Eug.      Que  no? 

Siseb.     Que  no!...  pues  no  faltaba  otra  cosa! 
Eug.      Si  se  mueve  usted  de  ahí,  le  abro  en  canal! 
Siseb.     Usted  abusa,  joven,  usted  abusa! 

EUG.         Ahora  lo  Verá  USted!  (Desata  las  cuerdas  de  tender  la  ropa  ) 

Siseb.     Qué  va  usted  á  hacer? 

Eug.      Cuando  le  digo  á  usted  que  pronto  lo  va  á  ver! 

Siseb.     Es  que  yo...  ; 

Eug.      (cogiéndole  de  un  brazo.)  Venga  usted  aquí. 

Siseb.  Eh! 

Eug.      Que  venga  usted  aquí! 

SlSEB.  (Si  no  VOy  Será  Capaz  de...)  (Se  acercan  á  la  chimenea.  Euge- 
nio le  rodea  al  cuerpo  la  cuerda  y  le  ata  al  cañón,  á  pesar  de  lo 
esfuerzos  de  D.  Sisebuto.) 

Eh!...  esto  es  un  atropello! 
Eug.      Quieto  he  dicho! 

Siseb.     Soy  yo  acaso  algún  ladrón,  ó  so  propone  usted  que  re- 
presente yo  ahora  la  escena  de  los  Amantes  de  Teruel. 
Eug.      Sí  señor;  usted  es  don  Diego!... 
Siseb.     Y  usted  el  bandido  que  le  ató! 
Eug.  Eh! 

Siseb.     Que  esto  es  una  iniquidad! 

Eug.      Desiste  usted? 

Siseb.     No  señor;  soy  aragonés! 

Eug.  Pues  ahí  va  usted  á  pasar  la  noche  tomando  el  fresco, 
para  que  mañana  amanezca  usted  como  un  besugo!  yo 
le  aseguro  á  usted  que  no  se  acercará  ya  mas  á  la  buhar- 
dilla de  esa  joven! 

Siseb.     Vecino,  le  advierto  á  usted  que  calienta  demasiado  el 


—  28  — 


Cañón  de  esta  Chimenea!  (Sale  hamo  de  la  chimenea.) 

Eug.      Eso  se  encuentra  usted. 
Siseb      Me  desata  usted  ó  no? 
Eug.       No  señor. 

Siseb.  Entonces...  aténgase  usted  á  las  consecuencias!  (Gritan- 
do.) Fuego!...  socorro!...  fuego! 

Eug.       Calle  usted,  Mefistófeles! 

Siseb.     No  quiero,  Fausto!...  (Gritando  )  Fuego!  fuego! 

Eug.  (Con  aturdimiento.)  Su  venganza  me  compromete!  dónde 
me  ocultaré?...  la  ventana  de  mi  habitación  está  cerra- 
da!... ah!  aquí!  (Se  oculta,  encogiéndose  todo  lo  posible  á  la  iz- 
quierda de  la  ventana  de  la  buhardilla  de  Rosa.) 

MUSICA. 

Voces.    (Dentro.) Fuego!...  fuego!... 

SlBEB.  (Haciendo  esfuerzos  por  separarse  del  cañón  de  la  chimenea,  que 
cada  vez  irá  arrojando  mas  humo.  )  Vecino!...  vecino! 

EUG.  (Sin  moverse)  Á  la  Otra  puerta!  (Salen  algunas  chispas  del 
cañón.) 

Siseb.  Que  me  abraso!...  que  el  canon  de  esta  chimenea  está 
ardiendo!  Nada;  no  me  oye:  me  abandona  á  mi  fogosa 
posición!  (Gritando.)  Fuego,  vecinos!... 

ESCENA  VIH. 

DICHOS,  después  las  VECINAS,  luego  ROSA. 
CANTO. 

Voces.    (Dentro.)  ¿Dónde  es  el  fuego? 

SlSEB.       (Atado  al  cañón  de  la  chimenea.) 

Aquí!...  aquí! 
Uf!  que  me  abraso! 
pronto,  acudid! 
Favor,  vecinos, 
por  compasión, 
que  estoy  lo  mismo 
que  un  ebicharronl 


i 

—  29  — 

VECINAS.  (Asomándose  á  todas  las  ventanas.) 

¿Qué  ocurre?— Qué  pasa? 
Otras.  Que  hay  fuego— en  la  casa! 

Todas.  Que  toquen, — que  acudan, 

que  suban, — que  avisen, 

que  griten,— que  llamen, 

bomberos, — favor! 
Unas.  Que  el  fuego— se  extiende! 

Otras.  Que  todo— se  enciende! 

Todas.  Que  traigan— la  bomba! 

que  suban— la  manga! 

que  griten, — que  llamen, 

bomberos,™  favor! 

Que  suban  los  bomberos, 
que  toque  el  sacristán, 
que  va  á  arder  todo  el  barrio 
si  tardan  en  llegar! 

Vec.  1.a  (Con  voz  de  vieja,  echando  á  D.  Sisebutoun  jarro  de  agua.) 

Allá  va  eso,  vecino! 
Siseb.  Canastos! 

VEC.  2.a  (En  el  mismo  tono  chillón,  echándole  otro  jarro.) 

Agua  vá! 

Siseb.  Dirija  usted,  vecina, 

la  puntería  atrás! 

ROSA.       (Entreabriendo  la  ventana.) 

(Oculta  observar  debo 
lo  que  hacen,  sin  chistar, 
no  sea  que  murmure 
de  mí  la  vecindad!) 
Siseb.     (Atado.)   Me  enfrian  por  delante! 

me  quemo  por  detrás! 
estoy  como  un  puchero 
que  han  puesto  á  calentar! 

EüG.         (Escondido  detrás  de  la  buhardilla  de  Rosa.) 

(Si  salgo  y  me  descubren 
la  gorda  se  va  á  armar! 


—  30  — 


mas  vale  que  el  vecino 
se  tueste  algo  el  gabán!) 

VECINAS.  ^En  las  ventanas,  con  velones,  candiles,  jarros  con  agua,  cánlá-* 
ios;  etc. ,  etc.) 

Que  suban  los  bomberos, 
que  toque  el  sacristán, 
que  va  á  arder  todo  el  barrio 
si  tardan  en  llegar! 

(Confusión.  Cuadro  animado.  Rosa  cierra  la  ventana.  Cesa  la 
música.) 


ESCENA  ÍX. 

DICHOS,   un   COMISARIO  de   policía   y  dos  SERENOS  que   aparecen  en  el 
terrado. 

£  HABLADO.  T 

Gom.      Dónde  es  el  fuego,  vecinos? 

Siseb.  Aquí...  acudid  pronto,  ó  me  achicharro  como  san  Lo- 
renzo! 

Vec.  1.a  Traed  mas  agua! 

Gom.      Un  hombre  atado  á  esa  chimenea! 

Siseb.     Por  compasión,  señores;  que  ya  huelo  á  tostado! 

Gom.  desatadle.  (Los  Serenos  le  desatan  desde  el  terrado.  Las  vecinas 
desde  el  principio  de  la  escena  aparecen  y  desaparecen  de  las 
ventanas:  cuadro  animado.) 

Vec  2.a  (Con  un  jarro.)  Aquí  hay  mas  agua! 

Vec.  1.a  Allá  va  ese  cántaro! 

Otra.     Que  suban  los  bomberos! 

Siseb.     (Viéndose  libre.)  Uf!...  gracias  á  Dios! 

Gom.  (á  íds  vecinas.)  No  hay  que  alarmarse,  señores;  esto  no 
es  nada;  era  el  cañón  de  esta  chimenea,  y  ya  se  ha 
apagado:  pueden  ustedes  retirarse  tranquilos! 

VECINAS.   Baall!...  (Cierran  todas  las  ventanas,    murmurando  las  unas  ccm 

las  otras.)  Y  para  eso  tanto  ruido!... 
Gom.      (Dirigiéndose  á  d.  Sisebuto.)  Ahora...  síganos  usted  á  la 


—  31  - 

prevención. 

Siseb.  Yo!...  (Esto  solo  me  faltaba!)  Pero  hombre  repare  us- 
ted que  yo... 

Com.      (Reconociéndole.)  Galla!,.,  pues  si  es  don  Sisebuto! 
Siseb.     El  mismo  en  persona,  amigo  mió! 
Com.      Pero  hombre,  ¿qué  hacia  usted  atado  á  esa  chimenea? 
Siseb.     (c™  atontamiento.)  Como  estoy  tan  acatarrado...  achí!... 

estaba  tomando  el  sol. 
Com.      Tomando  el  sol  á  estas  horas? 

Siseb.  No...  quiero  decir...  la...  la  luna!...  porque  á  mí  me  ha 
entrado  ahora  por...  por  la  antropología] 

Com.  (Este  hombre  se  ha  vuelto  loco!)  Esperadme  en  la  puer- 
ta. (Vánse  por  la  escalerilla  del  terrado  los  dos  Serenos.  El  Co- 
misario y  D.  Sisebuto  hablan  aparte.) 

Eug.  (Es  el  Comisario  de  policía!  si  llega  á  echarme  la  vista 
encima  y  sabe  que  yo  he  atado  á  don  Sisebuto!...  Estoy 

COn  el  alma  en  Un  hilo!)  (Se  oculta  delante  de  la  ventana  de 
la  buhardilla.  ) 

Com.  Vaya,  hombre;  bájese  usted  á  su  habitación,  que  la  no- 
che está  fria  para  esas  observaciones  astronómicas. 

Siseb.  Voy,  voy  en  seguida,  (saltando  ai  terrado.)  (Ya  me  las  pa- 
garás todas,  infame  aprendiz!  No  creas  que  por  esto 
desisto  de  mi  empeño!) 

COM.         (Ayudándole  á  saltar.)  VamOS,  don  Sisebuto. 
SlSEB.        Gracias,  amigO  mío.  (Desaparecen  por  la  escalera  del  terrado: 
Vuelve  todo  á  quedar  en  silencio.) 

ESCENA  X. 

BOSA  y  EUGENIO,  que  cae  de  espaldas  en  los  brazos  de  «lia,  al  abrir  la 
ventana. 

ROSA.       (Asustada.)  Ah! 

Eug.      (En  sus  brazos.)  Silencio  ó  nos  perdemos  todos! 
Rosa      Levántese  usted! 

Eug.      Ay  Rosa...  Rosita!...  mi  salvación  está  en  -sus  brazos  de 

usted!...  Así  me  estaría  toda  mi  vida! 
Rosa.     Ó  se  levanta  usted  ó  le  dejo! 


_  32  — 


Eüg.      (incorporándose.)  Áy,  Rosita!...  me  encontraba también  en 

esa  posición! 
Rosa.     Pero,  qué  ha  sucedido? 

Eug.  Que  ese  infame  don  Siseoruto,  por  vengarse  de  mí, 
ha  asustado  á  la  vecindad  dando  gritos  alarmantes  co- 
mo un  energúmeno! 

Rosa.     Me  lo  figuré! 

Eug.       (Mirando  á  todos  lados )  Parece  que  todos  se  han  retirado 

ya.  (Se  dirige  á  g*atas  hácia  el  terrado.) 

Rosa.  Mas  vale  así! 

Eug.  (volviendo  la  cabeza.)  Diga  usted,  Rosita... 

Rosa.  Qué? 

Eug.  Es  sorda  su  madre  de  usted? 

Rosa.  Por  qué  me  hace  usted  esa  pregunta? 

Eug.  Porque  cuando  no  se  ha  despertado  con  este  estru- 

picio... 

Rosa.  Y  eso  qué? 

Eüg.  Nada,  que...  que  mas  vale  así;  porque  siendo  sorda... 

pues,  110  Se  asustará  tan  á  menudo.  (Tropezando  con  la 
cartera  que  en  la  escena  anterior  habrá  perdido  don  Sisebuto). 

Calla!...  qué  es  esto! 
Rosa.     El  qué? 

Eug.  (Cociéndola.)  Una  cartera!...  si  será  de  ese  don  Cucufate 
ó  don  Sisebrutot  Afortunadamente  ha  dejado  allí  la  lin- 
terna y  podremos  descubrir  á  quien  pertenece,  (sabe  ai 

terrado  y  á  la  luz  de  la  linterna  ía  examina.) 

Rosa.     Tal  vez  por  alguna  tarjeta  .. 

EüG.         (Sacando  un  papel.)   Aquí  hay  Un  papel...  (D>spues  de  leer- 
lo.) Canastos!... 
Rosa.     Qué  es  eso! 

Eug.      (Leyendo.)  «Á  Eugenio  Roviralta,  su  sobrino...»  Pues  si 

.  es  mi  propio  nombre! 
Rosa.     Su  nombre  de  usted? 

EUG.         (Bajando  con  la  cartera  y  la  linterna  hácia  la  buhardilla.)  Si 

cuando  yo  digo  que  todo  lo  que  pasa  de  tejas  arriba  es 
inconcebible!...  sí  señora ,  inconcebible!...  Encontrar 
uno  su  fortuna  entre  la  canaleja  de  un  tejado!...  Ay, 


j 


—  35  — 

Rosa...  Rosita,  si  esto  fuera  verdad!... 
Rosa.     Pero  expliqúese  usted! 

ElJG.         (Dándola  la  linterna  y  sentándose  al  laclo  de  la  buhardilla.)  Há 

game  usted  el  favor  de  tenerme  la  linterna. 

Rosa.     (Cogiéndola.)  Traiga  usted,  y  lea  pronto. 

Ecg.  Es  una  carta  del  testamentario  de  mi  ti  a,  la  de  Améri- 
ca (á  quien  Dios  haya  perdonado),  dirigida  á  don  Sise- 
buto!... 

Rosa  .     Bien,  hombre,  lea  usted. 

Eug.  (Leyendo.)  «Su  hermana  de  usted,  doña  Escolástica,  me 
«recomendó  mucho  antes  de  morir...»  Pobrecita!..- 
«Que  en  cumplimiento  de  una  de  las  cláusulas  de  su 
«testamento,  busque  usted  á  su  sobrino,  Eugenio  Ro- 
wviralta  y  Campillo,  y  le  entregue  los  seis  mil  duros 
»que  le  corresponden...))  Etcétera,  etcétera,  etcétera. 
Ay,  Rosita...  Rosita!...  don  Sisebuto  es  mi  tío!...  dona 
Escolástica  mi  lia!...  y  yo  don...  don...  seis  mil  duros 
que  me  deja  en  su  testamento!  Ya  somos  felices!...  ya 

podemos  Casarnos. ..(La  besa  la  mano.) 

Rosa.     Repare  usted... 

Eüg.  Sí  señora,  casarnos;  porque  usted  me  ama...  yo  la 
amo...  nosotros  nos  amamos,  y  adelante  con  los  fa- 
roles! (Vuelve  á  besarla  la  mano.) 

Rosa.     Pero  Eugenio! 

Eug.  Voy  en  busca  de  mi  tío.  (subiendo  ai  terrado.)  Yo  quiero 
reconocer  pronto  á  mi  querido  tio!  (Dando  voces.)  Don 

SisebutO...  don  Sisebuto!  (Va  á  saltar  la  barandilla  del  ter- 
rado, y  se  detiene  al  ver  asomar  la  cabeza  á  D.  Sisebuto  por  la 
escalera. ) 

ESCENA  ÚLTIMA. 

DICHOS,  D.  SISEBUTO,  después  las  VECINAS  en  las  Ventanas. 

Hola,  vecinito!...  Se  ha  pasado  ya  la  tormenta? 
(Montado  en  la  barandilla.)  Calla!...  estaba  usted  ahí  aga- 
zapado! 

2 


SlSEB. 

Eug. 


—  34  — 

Siseb.  Si  señoi>he  querido  presenciar  desde  aquí  el  espec- 
táculo! 

Eug.  Suba  usted...  suba  usted,  que  aquí  todos  le  queremos 
bien. 

Siseb.  Muchas  gracias,  vecino;  pero  no  estoy  tan  rnalfcon  m! 
individuo  para  exponerme  otra  vez  al  furor  de  un 
aprendiz  de  fotógrafo. 

Eug.  Le  juro  á  usted  por  la  memoria  de  mi  querida  tia  doña 
Escolástica  (que  en  paz  descanse),  que  no  trato  de  ha- 
cerle daño. 

Siseb.     En!  qué  dice  usted?  (Snb«  al  terrado.) 

Eug.  (Abrazándole.)  Señor  don  Sisebuto  dispense  usted  mis  ar- 
rebatos, y  reciba  con  toda  la  efusión  de  mi  corazón  es- 
te abrazo  de  familia! 

Siseb.     Hombre...  que  me  ahoga  usted? 

Eug.       Su  cartera  de  usted  lo  ha  descubierto  todo!... 

Siseb.  Mi  cartera!...  (Regí*t  rándose.  )  Galla!  pues  es  verdad,  que 
la  he  perdido! 

Rosa.     (Enseñándosela.)  Sí,  señor:  aquí  la  tiene  usted! 

Siseb.  (saltando  ai  tejado.)  Si  habrá  leído  mi  correspondencia  se- 
creta!... 

Eug.       (Abrazándole.)  Ay,  señor  don  Sisebuto!... 
Sjseb.     Pero  hombre!...  á  qué  vienen  ahora  esas  demostraciones 
de  cariño! 

Eug.      Por  qué?  y  usted  me  lo  pregunta,  querido  lio! 
Siseb.  Eh! 

Eug.  No  le  dice  á  usted  su  corazón  que  yo  soy  Eugenio  Ro- 
viralta  y  Campillo... 

SISEB.  TÚ,  tú  mi  Sobrino!...  Aíl!  (Al  abrazarse  resbalan  y  eaen  en 
medio  del  tejado.) 

Eug.  Ay! 

Siseb.  üy!...  por  poco  nos  rompemos  el  espinazo  con  tan  grato 

reconocimiento! 

Eug.  Se  ha  hecho  usted  mucho  daño,  lio? 

Sislb.  Y  tú,  sobrino? 

Eug.  Bastante.  (qu  ejándose.)  A  )  ! 

SíSO.  Pues  yo  aigO  mas!...  Uf!  (Ambos  peimaneeen  sentados.) 


—  35  — 


1*jg.  (compungido.)  Conque  es  cierto,  enírañable  tío,  que  su 
respetable  hermana  de  usted,  mi  querida  tia,  ha  muer- 
to por  fin! 

Siseb.     (Enternecido.)  Sí,  sobrino;  ha  muerto...  para  siempre! 
Eug.       Permítame  usted  que  la  dedique  esta  lágrima!  (uora.) 
Siseb.     Yo  la  dediqué  dos  cuantió  recibí  tan  infausta  nueva! 
Eug.      Cómo  nueva!...  si  tenia  setenta .  y  cinco  años!...  Pobre 

huérfana!  Y  de  qué  mal  ha  muerto? 
Siseb.     De  un  susto! 

EüG.         Ah!...  (Breve  pausa:  variando  de  entonación.)  GonqUO  CUan- 

do  usted  quiera  entregarme  esos  cuartos! 
Siseb.     Parece  que  el  dolor  no  te  lia  impedido  ver... 
Eug.      Como  estaba  á  renglón  seguido! 

Siseb.     Pues  sí,  querido  sobrino;  seis  mil  duros  conservo  en  me 
poder  para  tí,  y  te  los  entregaré  mañana..,  si  tú  no  i 
niegas  á  recibirlo. 

Eug.  Negarme  yo  á  cumplir  la  última  voluntad  de  mi  queri- 
da tia!...  jamás  he  sido  ingrato!  (Abrazándole.)  En  fin 
qué  tendré  yo  que  decir  á  usted  cuando...  Sí  señor 
usted  es  mi  padre! 

Siseb.     Cómo  tu  padre! 

Eug.  Quiero  decir...  que  á  usted...  y  á  mi  tia  Escolástica,  ge 
lo  debo  todo! 

Siseb.  Bien,  hombre,  bien;  pero  oye,  sobrino;  vamos  á  echar 
raices  en  el  tejado? 

Eug.  (Ayudando á  levanta  á  d.  sisebutj.)  Levántese  usted...  le- 
vántese usted  con  cuidado,  porque...  usted  no  sabe  lo 
que  esta  noche  me  interesa  su  vida. 

Siseb.     Ya  me  lo  figuro! 

Eug.  Y  ahora...  qnerido  tio,  si  usted  desea  mi  felicidad,  íe 
suplico,  si  Rosita  me  lo  permite,  que  entre  usted  á 
ver  á  su  madre  y  le  pida  en  toda  regla  la  mano  de  su 
hija... 

Siseb.  Eh! 

Eug.      Para  este  pobre  aprendiz  de  fotógrafo! 

Siseb.     Sobrino!...  (Vaya  una  comisión!  ) 

Eug.     (Ya  ve  usted;  si  mi  querida  tia,  su  mujer  de  usted,  llaga 


—  36  — 


ra  á  saber  que  se  había  opuesto...) 
Siseb.     (Calla,  sobrino! tapemos  lo  pasado  y...)  Pero;  hombre!  á 
estas  horas... 

Eug.       Ya'le  he  dicho  á  usted  que  todo  lo  que  pasa  de  tejas 

arriba  debe  ser  extraordinario! 
Rosa.     Se  negaría  usted  á  nuestra  felicidad? 
Siseb.     Yo...  Rosita!... 

Eug.       Todo  lo  contrario;  usted  será  el  padrino... 
Siseb.  Yo! 

Eug.  Y  ahora  mismo  voy  á  convidar  á  mi  boda  á  todos  lo 
vecinos. 

Siseb.     Repara,  sobrino  del  demonio!... 
Eug.      No  se  ponga  usted  motes,  tío. 
Siseb.  Pero... 

Eug.       Si  señor;  extraordinario!...  inconcebible!  (Dando  voces.) 

Vecinos!  vecinas!  amables  vecinitas!... 
Siseb.     Que  me  comprometes,  sobrino! 
Eug.       (Eso  es  lo  que  yo  quiero.)  (Llamando.)  Vecinos... 
Siseb.     Calla,  energúmeno! 

Eug.       (En  cuanto  yo  coja  los  seis  mi!  del  pico,  ya  es  fácil  que 

nos  vuelvas  á  ver,  viejo  verde!  (Gritando.)  Vecinitas! 
Vec.  1.a  (Á  !a  ventana.  )  Qué  ocurre? 

VEC.  2.a   (ídem  )  Qué  pasa?  (Se  asoman  todas  los  vecinas.) 

Eug.  (á  las  vecinas .  )  Que  don  Sisebuto,  el  respetable  don  Si, 
sebuto,  el  venerable  don  Sisebuto,  el  inconmensurablo 
don  Sisebuto,  es  mi  imponderable  tío! 

Vecinas.  D.  Sisebuto! 

Siseb.  (infame!) 

Eug.     Que  este  feliz  reconocimiento  me  hace  dueño  de  una  he- 
rencia de...  de  seis  mil  millones  de  duros] 
Vecinas.  HuuuyÜ! 

SlSEB.       (Tirándole  de  la  blusa.)  (Sobrino!. ..) 

Eug.     (Es  igual!) 
Siseb.  Pero... 

Eug.      ítem  mas,  que  mañana  me  caso. 
Vecinas.  Se  casa! 
Siseb.  (Sobrino!) 


  O  i   

Eug.      Y  que  os  convido  á  todos  á  mi  boda. 
Vecinas.  Á  su  boda! 
Siseb.  (Sobrino!) 

Eug.      Y  que  mi  tío  va  á  ser  el  padrino  mas  rumboso  de  todos 

los  tíos  nacidos  y  por  nacer. 
Vecinas.  Bravo!  <ien! 
Siseb.     (¡Me  aplastó!) 

Eug.  Y  corno  epitalamio  á  mi  boda  va  á  cantarnos  una  de  su 
tierra!  vivan  los  aragoneses! 

Siseb.  (Esto  solo  me  faltaba!)  pero,  hombre,  si  estoy  acatarra- 
do!... Achí! 

Eug.      No  importa. 

Vecinas.  Sí,  sí,  que  cante  don  Sisebuto. 

Siseb.  (Mirando  á  Rosa.)  (Ay,  Rosa,  Rosita!...  y  cuántos  sinsabo- 
res me  cuestas! ) 

EüG.        (Acercándose.)  Eh! 

Siseb.  Nada...  que...  Puesto  que  no  hay  otro  remedio,  allá  va 
la  despedida.  (Uf!  qué  noche  tan  completa!)  Ejem! 


MUSICA. —GABJTO. 

SlSEB.       (Mirando  á  Rosa.) 

Un  gato  hacia  el  amor 
á  una  gata  en  un  tejado, 
y  cuanto  mas  la  miraba 
mas  se  relamia  el  gato. 

Al  micho,  michito 
que  acuda  á  la  boda, 

un  cascabel  i  to 
le  pondrá  la  novia. 

Rosa.  Lo  que  mi  pecho  buscaba 

hallé  DE  TEJAS  ARRIBA, 

y  eso  que  un  gatazo  negro 
me  miraba  y  se  reia. 

(Mirando  á  D.  Sisebuto.) 

Al  micho,  michito 


—  38  — 


que  acuda  á  la  boda, 

mi  futuro  tio 
lo  buscará  novia. 

EüG.         (Mirando  á  D.  Sisebuto.) 

Un  gato  muy  marrullero 
á  una  gata  pretendía, 
y  la  gata  le  dejó 
cuando  él  mas  se  relamia! 

Al  micho,  rnichito 
que  acuda  á  la  boda, 

mi  querido  tio 
le  buscará  novia. 

Vecinas.  Á  la  zapaquilda 

que  salga  al  tejado, 
le  dará  el  padrino 
su  marramamiaol 


FIN, 


WOTA.  Aunque  la  decoración  de  esta  obra  es  bastante  sencilla,  el  autor 
cree,  sin  embargo,  que  no  estará  demás  advertir  á  los  directores  de  escena 
de  los  teatros  de  provincias,  que  si  encuentran  algunas  dificultades  en  ele- 
var el  tejado,  pueden  imitarlo  sobre  el  mismo  tablado  del  escenario,  cubrién- 
dole coa  ana  alfombra  ó  tela  pintada  de  tejas,  la  »ual  producirá  el  misao 
efleete. 


OBRAS  DRAMÁTICAS 

DE 

D  P.  MORENO  GIL. 


La  flor  trasplantada  ... 
Este  cuarto  no  se  alquila. 

Pobres  y  ricos  

Aventuras  de  un  cesante. 

Vi  y  vencí!  

Una  obra  de  caridad  

Los  Filibusteros  (i)  

Un  consejo  de  guerra  (2). . 

La  tapa  de  cuello  

Mi  otro  yo  ó  la  prueba 
tangible!  

De  tejas  arriba  (á)  


Drama  en  tre§  actos,  original  y  en  verso. 
Comedia  en  un  acto,  original  y  en  prosa. 
Drama  en  tres  actos,  original  y  en  verso. 
Comedia  en  un  acto,  original  y  en  prosa. 
Comedia  en  tres  actos,  original  y  en  verso. 
Comedia  en  un  acto,  original  y  en  prosa. 
Zarzuela  en  tres  actos,  original  y  en  prosa* 
Zarzuela  en  dos  actos¿  original  y  en  prosa. 
Comedia  en  t  n  acto,  original  y  en  prosa. 

Sistema  cómico-filosófico,  en  un  acto,  ori- 
ginal y  en  prosa. 
Bufonada  gatuna  en  un  acto,  oiiginal  y  en 
prosa. 


1  Música  del  maestro  Moderatí. 

2  Música  del  maestro  Balart. 

3  Música  del  maestro  l>;iibieri. 


VENTA  EN  MADRID. 

LIBRERÍA  DE  LA  VIUDA  É  HIJOS  DE  D.  JOSÉ  CUESTA, 
CARRETAS,  9. 
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